Reportaje Gráfico: Raúl Egúsquiza Turriate © 2008


Muchas crónicas y añoranzas cuentan la historia de este pueblo, incluso canciones de celebres autores han tocado el sentimiento de los ancashinos, pero pocos han apreciado el celebre y aguerrido festejo del folclore coronguino a pesar de ser parte de este mágico mundo que se mueve por un Santo mucho más que milagroso.
Empezamos el clásico viaje que realiza el típico coronguino radicado en Lima, saliendo desde el Terminal de Fiori, con un poco de retraso para no olvidar que estamos en Perú.
El recorrido puede parecer largo sin embargo las trece horas que nos separa de ese mágico cielo se pasan rápidamente en un ambiente familiar, porque casi todos en el bus son primos, tíos o compadres. Nos sorprende un espectacular amanecer en Ancash, ya llegando a Corongo, se escucha el estruendoso ruido de un cohete que da por iniciada tan esperada festividad y como señal
enviada del cielo, el ambiente de fiesta se apodera del pueblo, niños, parejas de jóvenes y gente de cualquier edad se reúnen en la plaza para bailar al compas de los chirocos que muy temprano salen acompañados de las hermosas y relucientes Pallas.
Los bailes de Corongo tienen un swimg sonoro particular, se caracterizan por tener sincronizadas notas fuertes y pesadas, tonos con esporádicas melodías agudas que semejan el chillido de un cuy en celo, todo esto se complementa con el bullicio de la gente, que se amplifica por cien en este valle de forma acústica.

Mientras en

La procesión recorre las principales avenidas paralelas a la plaza, iniciando desde la iglesia bajo el dorado sol, el azul intenso del cielo sin olvidar la mirada vigilante del Nevado del Champara que da un detalle espectacular al paisaje de Corongo; Toda la tarde se vive el ambiente de fiesta, las Pallas danzan al pie de la imagen de San Pedro agradeciendo nostálgicos favores cumplidos; Por la noche todos bailan y corren bajo el chispeante fuego del Castillo donado por el Juez de Agua, la ceremonia continua hasta el amanecer.
Al día siguiente muchos retornan para Lima otros siguen llegando para la fiesta “parte arriba” que es como una segunda cerebración con otro Juez de Agua, al final el panorama es el mismo porque después de ambas fiestas el pueblo queda ermitaño, en silencio irónicamente vacío con solo algunos moradores que se resignan a esperar un año más para esta preciosa celebración, ellos además sacan provecho de la maravillosa ecología con que cuenta este pueblo ancashino y se dedican a cosechar papa, oca, maíz, trigo, cebada, etc. Nosotros solo le pedimos a San Pedro nos dea la oportunidad de volver a acompañarle aquí en su pueblo y en el cielo.
Algunos cronistas coinciden en demostrar a las Pallas de Corongo en enigmáticas bailarinas que una vez embrujaron el aguerrido corazón del Inca Tupac Yupanqui, portando una original vestidura de gala, alhajada en oro y plata, además de su sinuosa danza, con toda esta belleza evitaron una feroz y sucesiva ofensiva militar que había ordenado el Inca sobre el pueblo del rebelde Cacique Coronguí. De la historia de los Panataguas sabemos que es una colorida danza guerrera de ancestrales orígenes amazónicos, que después de muchas misiones franciscanas fueron incorporados hacia los andes junto con los españoles, después fueron agregados sincreticamente en la fiesta de San Pedro de Corongo como lo apreciamos hasta nuestra época.


















Fotoreportaje: Raúl Egúsquiza Turriate © 2008


























